DIEGO DANIEL CASAS USCANGA
Soy Diego Daniel Casas Uscanga, nací el 24 de enero de 2008 en Coatzacoalcos, Veracruz. Mis padres son Miriam Uscanga Montiel y Wilfrido Joaquín Casas López, y tengo un hermano mayor que se llama Pablo Uriel.
Mi vida ha sido muy bendecida gracias a Dios.
Mi formación académica ha sido estupenda. Estudié en el preescolar “Benjamín Rodríguez Sagrero”, donde aprendí a amarrarme las agujetas y también a comer todo tipo de fruta y verdura. Luego cursé la primaria “Constitución de 1917”, en la cual fui primer lugar de aprovechamiento durante los seis años por tener la mejor calificación. Después estudié en la secundaria “Técnica Industrial No. 19”, donde también quedé en el cuadro de honor los tres años, gracias a mi esfuerzo, tiempo y dedicación.
En lo deportivo, me fue bien porque jugaba béisbol y tuve la oportunidad de representar a la selección de Coatzacoalcos en varios estados de la República. Uno de los momentos más importantes fue mi participación en el Nacional de Nuevo Laredo, Tamaulipas (2016), ya que fue la primera selección que representó a Coatzacoalcos.
Mis gustos favoritos en la comida son los antojitos, el marisco, los guisos y los dulces típicos. En el deporte, me gustan el béisbol y el fútbol americano. También disfruto conocer personas y lugares con poca tecnología.
Con el tiempo, sentí que algo me faltaba en mi vida y de forma muy sencilla recibí una invitación del Señor para empezar a conocerlo y tratarlo. Gracias a esa experiencia, quiero seguir la vocación que Él me ofrece, por lo cual ahora estoy en el Seminario Menor María Madre de la Iglesia. Actualmente ingresé hace cinco meses al Instituto Villa del Espíritu Santo para terminar de cursar el bachillerato, donde estoy aprendiendo formación humana y espiritual.
Por último, quiero decir que mi objetivo es prepararme muy bien para seguir caminando al lado de Jesús.
Este segundo semestre ha sido una gran oportunidad para avanzar en mi vocación.
Conocí y viví el objetivo que tiene el bachillerato para mí y también el seminario. Ha sido de mucha ayuda, ya que recibí mi sotana y tengo una responsabilidad mayor; debo demostrar mis conocimientos y estar disponible para cualquier acción que se solicite y pueda ayudar.
Me calificaría con un 9 en este semestre, porque llegué diferente de las vacaciones y enfermo. Gracias a Dios ya me recuperé y estoy esforzándome para terminar el bachillerato tranquilamente.
Este año me propongo salir primer lugar en aprovechamiento y con mejor calificación que en el semestre anterior. Quiero quedar sin ningún pendiente en este primer corte que se avecina.
Quiero compartirles que una de mis alegrías de este año es que mi hermano mayor también está respondiendo al llamado que Dios le está poniendo. El béisbol es un regalo que Dios le está concediendo, y yo estoy totalmente feliz y orando para que no dude de esa vocación y siga confiando en Dios.
Por otro lado, mis padres han aceptado las vocaciones que cada uno de sus hijos tenemos y están totalmente de acuerdo. Nos apoyan tanto en la oración como con la disponibilidad de escucharnos y aconsejarnos.
Mis padres van más seguido a la iglesia y se están convirtiendo poco a poco. Confío en el Señor para que los siga cuidando y protegiendo de todos los males.
Segundo corte del segundo semestre: ha sido un buen tiempo para mi discernimiento. Kiko Argüello dice que el discernimiento es la primera característica del cristiano; somos como un barco que apenas va a zarpar al mar adentro, tenemos que desprendernos del muelle para ir a las profundidades, sin retroceder.
En este parcial he estado organizándome y he resuelto el problema de dormir poco y no estudiar. Ahora todo está a mi favor y, con la ayuda de Dios, seguiré esforzándome.
Me comprometo a seguir mostrando respeto, educación y conciencia en mis acciones.
Ha llegado el momento de enfrentar la realidad que estoy viviendo. Ya casi pasa un año desde que estoy en un lugar que, en algún momento, nunca imaginé. Mírenme, ya estoy aquí y siempre agradezco a Dios por darme la dicha de estar a mi lado y guiarme; también agradezco a mis padres, porque desde casa me han enseñado valores, educación, entusiasmo, aprendizaje y respeto, todo aquello que me ha formado como un rompecabezas.
El tercer semestre ha sido un verdadero cambio. En el seminario he subido un escalón más (¡ya me faltan 13 años para poder ser sacerdote! jejeje). Mi actitud ante todo ha mejorado. Mi madrina me dijo en estas vacaciones de verano: "Los años pasan". Sentí esa frase en mi interior; estoy a la mitad de mis estudios en el seminario menor. Claro, he tenido nuevos pensamientos en mi discernimiento vocacional, porque dependo mucho de esto, y lo importante es que estoy haciendo todo por amor a Dios.
Les contaré sobre mis vacaciones. ¡Wow! Fueron las primeras y hermosas vacaciones, estuve con mi familia y las disfruté como nunca antes (valoré lo mucho que me hacían falta). Me siento feliz porque les expresé con mis acciones lo feliz que el seminario me hace. No les voy a mentir, descansé mucho (dormía como un vampiro jeje). También visité a mi familia por parte de mi mamá y de mi papá, y regresé a mi servicio en la parroquia.
Una de las muchas cosas que hice fue visitar a mis padrinos del rancho. Fue una estupenda aventura donde aprendí a montar caballo, manejar cuatrimoto y limpiar corrales. Una experiencia que quedó marcada en mi corazón fue dar la primera celebración de la Palabra. No saben lo nervioso, preocupado y asustado que estaba, pero recordé que la invocación del Espíritu Santo actúa, y gracias a eso pude dar esa hermosa Palabra. Recuerdo una cita que ese día reflexioné: "¿Y tú quién piensas que es el Hijo de Dios?" La Palabra me hizo recordar todo lo que he vivido en mi formación desde que sentí el llamado. Para mí, el Hijo de Dios no solo es un hombre, sino el Salvador de nuestros pecados, nuestro defensor ante toda tribulación y nuestro Padre que siempre nos recibe con los brazos abiertos para darnos el amor que todos necesitamos.
Puedo afirmar que académicamente he bajado un poco mis calificaciones porque no le he puesto la atención necesaria ni he estudiado para reforzar lo aprendido. También he tenido más cansancio.
Mi pensamiento ha cambiado. Antes decía: "tengo que ser el primer lugar en calificaciones", ahora digo: "con que pase con 8". Por mi tiempo, no puedo sacar un 10 porque para eso debo dedicarle más tiempo al estudio y me falta organización. No quiero justificarme porque en primer grado obtuve dos diplomas, pero ahora me doy cuenta de que no todo es estudio al máximo. También hay que cultivar las relaciones con las personas y con el entorno donde estás. San Agustín dice: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, porque mañana no estará". He comprendido esa frase; hay que aprovechar y disfrutar los momentos que Dios nos regala cada día.
Esta frase me ayudó a reflexionar sobre mi vocación: "Evangeliza con los pies descalzos."
Para llegar al cuarto semestre tuve la cabeza repleta de trabajos y mucho cansancio emocional. Me sentía angustiado y con ganas de expresar aquello que no podía. También tuve otras tareas en mente. Recibí una gran noticia que me llenó de alegría: la boda de mis padres por la iglesia. Eso movió mis emociones al 100%, ya que realmente el Señor me dio una gran bendición. Yo le hablaba a Dios de mis padres y su matrimonio, y Él me escuchó y tocó el corazón de mis padres. Gracias le doy a Dios.
Otra responsabilidad que tengo es que soy encargado de la Dimensión Humana del Seminario Menor, y me toca organizar salidas, convivencias, fiestas y actividades que nos fortalezcan física y mentalmente. Una actividad que me costó mucho trabajo fue la posada diocesana del seminario, que me trajo mucho estrés y trabajo. Pero me reconozco que no me doy por vencido y sé que trabajaremos juntos como equipo.
Disfruté las vacaciones con gran alegría y sobre todo en familia, que era mi objetivo principal. Las vacaciones me ayudaron a entender que la familia es la base de todo, porque en ella se almacena todo lo que somos.
Para este nuevo semestre debo tener en cuenta la organización y una espiritualidad honesta.
"Obra tuya soy de tus benditas manos, ¿qué sería sin ti?"
En el segundo parcial no ha habido un cambio fuerte, sino que estoy cumpliendo lo que dejé en mi plan de mejora para estos últimos cortes. Estoy convirtiendo lo ordinario en extraordinario. Por ejemplo, si en la escuela no entiendo los temas, acá en el seminario les doy tiempo y busco tutoriales para comprenderlos mejor. También estoy leyendo más, ya que es un excelente hábito y mis pensamientos cognitivos van aumentando positiva y asertivamente.
En mi vida espiritual he dedicado tiempo al estudio del Misal Romano, ya que antes no sabía su origen ni cómo estaba estructurado. Creo que en este parcial me estoy dando a la tarea de estudiar, mejorar, leer y seguir aumentando mi fe.
Durante la Semana Santa pude comprender el origen de la Pascua y cómo se ha ido renovando a lo largo del tiempo. La viví con gran disposición, honestidad y una fe profunda que confirma el camino correcto que estoy tomando.
Quisiera decir que una de mis alegrías es que mi familia se está dejando amar por Dios y se está dejando guiar por Él. Presiento que tendrán un gran encuentro con Dios y que su fe será muy confirmada y verdadera.
"La Iglesia no es para entretenerte, sino para que a través de ella encuentres la vida eterna."
En este momento de mi vida me siento profundamente motivado con mi vocación, y sobre todo me llena de alegría poder estar en el Seminario. Estoy por concluir una etapa más, y con ello se va cerrando un ciclo que me ha ayudado a crecer en todos los sentidos. Saber que mis padres siguen caminando en su encuentro con Cristo me llena de paz y gratitud, porque sé que están acompañados del mejor Amigo y Padre, quien los guía por sendas de vida verdadera.
En cuanto a mis estudios, reconozco que mis calificaciones han bajado últimamente. He tenido una organización algo desordenada, y eso me ha llevado a sentirme desesperado, como si no tuviera un momento de pausa. Sin embargo, creo firmemente que si comienzo a hacer las cosas con calma y dedicación, podré entender mejor los temas y mejorar mi rendimiento académico.
En mi familia, a pesar de las dificultades económicas que enfrentamos, veo señales de esperanza. Vivimos una etapa en la que mis padres ya no pueden darnos tanto como antes, y eso a veces los entristece. Pero lo que más valoro es que han empezado a acercarse más a Dios, asistiendo a la Iglesia y abriendo poco a poco su corazón a Él. Me gustaría que comprendieran profundamente que con Dios todo es posible, y que Él siempre provee a quienes confían en su amor.
Miro hacia el futuro con el deseo de asumir una responsabilidad más madura, más consciente y con total disponibilidad para servir en lo que Dios me pida. Este es mi último año en el Seminario Menor y también en el bachillerato; pronto tendré la oportunidad de ingresar al Seminario Mayor. Antes de dar ese paso, quiero fortalecer mi voluntad y mantenerme firme en el llamado que Dios me ha hecho. No deseo aparentar ni vivir de forma superficial mi vocación: quiero responder con autenticidad y amor, porque he sido llamado, y a ese llamado quiero ser fiel.
A lo largo de este camino he aprendido que cada experiencia me siembra una semilla, y confío en que algún día ese árbol que crece dentro de mí dará muchos frutos. Por último, agradezco a Dios por el don de la vida, y deseo corresponderle con todo mi ser, buscando siempre alcanzar esa vida eterna que Él me ofrece con tanta misericordia.
Al iniciar este quinto semestre, siento que comienza un nuevo ciclo en mi vida. He recibido nuevos hermanos seminaristas, nuevos profesores y nuevo personal en el Seminario, lo cual me impulsa a confirmar que mi fe se renueva día con día. Vivo este tiempo con honestidad, confianza y una firme disposición de seguir a Cristo.
Durante mis vacaciones me entregué de lleno a tres actividades principales: la convivencia familiar, el encuentro con Cristo y el servicio a los demás. Sin embargo, dentro de ese resumen también viví momentos sencillos pero muy valiosos: ayudé en las labores del hogar, fui a ver partidos de béisbol, disfruté de mis comidas favoritas, colaboré en algunos servicios de la Iglesia, y viajé a mi pueblo donde realicé múltiples labores. Allí incluso tuve la experiencia de ordeñar una vaca, elaborar quesos y leche, pasear en cuatrimoto, disfrutar de las albercas, montar a caballo y visitar la playa.
Mis vacaciones fueron, sin duda, un tiempo de gran apoyo y ayuda para fortalecerme, no solo físicamente, sino también espiritualmente.
Lo que espero de este semestre es seguir disfrutando cada momento, darlo todo y estar siempre disponible al servicio del prójimo. Quiero hacer realidad en mi vida aquella frase de San Benito Abad: “Ora et labora”, que me recuerda que todo se logra uniendo la oración con el trabajo constante.
En este segundo corte me la he pasado pensando en dos conceptos que me hicieron reflexionar profundamente en mi interior: escuchar y responder. Me he dado cuenta de que todo ser humano ha experimentado estos verbos que se convierten en acciones, y que, dependiendo del contexto, pueden ser positivas o negativas.
Le doy gracias a Dios de manera especial porque me ha concedido, día con día, un corazón renovado. Sin embargo, realmente me he sentido mal en mi interior porque he cometido muchos errores, y en especial uno muy fuerte, que me hace sentir un profundo dolor por haberle faltado el respeto a Él. Pero algo sí le digo al Señor: asumiré las consecuencias de mis actos y, sobre todo, la justicia que debo tener.
De manera especial, he tenido un viaje hacia mi interior y hacia mi exterior gracias a un encuentro de motivación en el Seminario. A este proceso lo llamé: “Un encuentro de motivación hacia la escucha y respuesta de mi persona para Dios.”
En la escuela he tenido una maduración renovada y, sobre todo, he aprendido a ser estudiante y no solo alumno, porque quiero comprender cada tema y la manera en que el profesor lo explica, entendiendo hacia dónde quiere llevarnos a través de sus ejemplos. En pocas palabras, disfruto aprender, y de ello obtengo un conocimiento que considero muy importante para mi vida y para mi crecimiento personal.
Espiritualmente, me he propuesto tener una relación más cercana con Dios Espíritu Santo, ya que Él me anima incluso cuando solo pronuncio su nombre. Siento una chispa encendida dentro de mí.
Por último, quiero compartir una parte de un canto que me recordó todo lo que he experimentado y lo mucho que aún me falta por vivir. Solo algo comprendo con certeza: es Dios quien nos mueve y quien nos lo da todo.
“En Jesús puse toda mi esperanza,
Él se inclinó hacia mí,
y escuchó mi clamor.”
Gracias, Dios.
En este último parcial de quinto semestre he vivido una experiencia que me ha hecho dudar un poco sobre dónde estoy, aunque en el fondo sé que, si Dios está conmigo, no tengo por qué temer, porque con Él todo lo puedo. En primer lugar, ocurrió un gran milagro en mi abuelita: ella estaba muy delicada de salud y, gracias a la unción, su vida se ha fortalecido. Eso no solo me llena de alegría, sino que también aumenta mi fe en Dios.
Siento que estoy actuando como cuando ingresé al Seminario, y eso me provoca dos sentimientos. El primero es bueno, porque recuerdo todo lo que he vivido desde que entré al seminario y a la escuela; pero, al mismo tiempo, me invade cierta tristeza al acordarme de cómo era antes, ya que hay cosas de mi pasado que no me gustaban de mí mismo. Aun así, tengo claro que debo seguir adelante y que quiero que Jesús sea siempre mi guía. Reconozco que le he fallado especialmente en la obediencia, y eso me está costando, pero sé que este camino es parte de su plan para mí, y no quiero echarlo a perder.
En cuanto a la escuela, he notado muchos cambios, y uno de los más importantes es que la disposición y el interés de cada persona influyen mucho en el aprendizaje. Si uno realmente quiere aprender, busca y encuentra, tal como dice Jesús.
Doy gracias a Dios por todo lo vivido y le pido que me permita continuar un año más en esta hermosa misión en la que me ha puesto.
El sexto semestre fue, al inicio, solo una idea dentro del IVES, pero ahora ya es una realidad. Me detuve un momento a reflexionar y me sorprendió lo rápido que han transcurrido estos dos años. Con la gracia y bendición de Dios, he podido perseverar en su llamado, y de manera especial he descubierto dones que Él ha ido formando en mí.
Uno de los principales dones que considero haber fortalecido es la responsabilidad. Precisamente en estas vacaciones tuve la oportunidad de ponerla en práctica. La responsabilidad siempre está presente, pero va de la mano con la voluntad, porque para ser responsable debe nacer desde uno mismo, no por presión de los demás. Gracias a ello, comprendí que el llamado que Dios nos hace está en cada uno de nosotros, pero depende de nuestra respuesta.
Durante las vacaciones pasé la mayor parte del tiempo con mi hermosa familia, en la iglesia, planeando nuevos propósitos y también trabajando en limpieza. Gracias a ese trabajo pude reunir dinero para mis gastos escolares y para mi cumpleaños. Este año cumplí 18 años de vida, y los celebré en mi bello pueblo, Ixtal, perteneciente a San Juan Evangelista, al lado de mi familia. Fue un cumpleaños muy especial, porque además de celebrar mi vida, confirmé que soy capaz de esforzarme para cubrir mis propias necesidades.
Todo esto me llevó a reflexionar que realmente está en nosotros decir “sí” y seguir adelante con decisión. Cuando decimos “voy con todo por esa meta”, eso se convierte en iniciativa; la iniciativa se fortalece con la voluntad y finalmente se transforma en responsabilidad.
Al regresar al seminario, vivimos ejercicios espirituales que reafirmaron algo muy importante: está en mí responderle al Señor. La decisión es personal. El llamado está, pero la respuesta nace del corazón.
Segundo corte del sexto semestre: para mí, este corte lo dividiría en dos partes. La primera, en la que empieza una iniciativa propia junto con la disposición; y la otra parte sería disfrutar y relajarse. Exactamente, dijera Albert Camus, lo absurdo es no encontrarle sentido a tu vida, y pues mi vida realmente ahora la tomo con conciencia y está teniendo sentido.
Sobre todo, en este periodo viví una entrevista en un programa que, de hecho, es muy efectivo para responder alguna duda que tengas de la Iglesia, y realmente tiene mucho sentido. Tan solo el nombre está dando a conocer esa gran obra que brotó de la Pastoral Vocacional, en el cual fui explicando cómo fue mi llamado y cómo estoy actualmente ante este llamado, entre múltiples preguntas. Lo que me conmueve de este programa es que el amor de Dios llega a todas partes, y por eso el programa se llama: Jesús Conectando al Corazón.
He ido a mi pueblo más veces que otros años y disfruto estar en familia, en el campo, ir a misa juntos como familia y ver el béisbol, que también juega mi hermano por allá con la misma familia.
Para mí, “la vida es Cristo y la muerte es ganancia”, como dijera San Pablo (Flp 1,21). Yo solo sé que estoy por Él; me he escondido y creo que me falta mostrarme ante Él de frente otra vez, porque siento que mis pecados me han alejado de Él. Me pregunto por qué seré así, si tan fácilmente soy carnada ante el león rugiente; me ganan mis distracciones y estoy perdiendo mi mirada fija en Él.
Yo quiero demostrarle en estas sencillas palabras que te amo, Señor, y que estaré siempre en disposición, en mis manos, en mi mente, en mi rostro y en todo mi ser ante Ti, en disposición y en cualquier cosa que Él me necesite. Espero seguir teniendo esta esperanza en Él, porque todo lo puedo en Aquel que me fortalece.

